ATILRA: después de la calma, siempre llega la tormenta

Al revés del dicho, después de un tiempo de conciliación, la próxima batalla llegará recargada. Así está el panorama en la negociación por el ajuste salarial de los trabajadores de la industria lechera.

Aunque algunas grandes ya podrían haber hecho acuerdos laterales y mientras algunas de menos envergadura no saben cómo, ni con qué van a pagar, la propuesta que habría pensado un sector de la industria parece no gustar en el gremio.

Hubo indicios y ayer a pesar de la tormenta que terminó de inundar al Departamento Castellanos en Santa Fe y de asolar a la ciudad de Rafaela, allí justamente se reunieron las partes. Los hombres de “Etín” Ponce y los representantes de las industrias le hicieron frente al clima y volvieron a cargar con la intención de plantear menos de lo que el gremio de amarillo pretende.

Siempre con la imposición de fuerza por delante, ante cualquier alternativa, escucharon lo que se suponía. Frente a aquel acuerdo de paz del 23 por ciento firmado a mediados de año, que calmó las tensiones de la inflación y el esquema que comenzaba a proponer gremialmente el Gobierno, gran responsable de ciertas libertades, ahora viene un complemento hasta abril que tiene diferencias.

La industria grande y las pymes propusieron lo que vienen masticando hace un mes, que es llegar a una paritaria del 35 anual total, sin embargo, nada es suficiente y la intención de los lecheros es conseguir a partir de octubre, como estaba pendiente, tener una recuperación del 18 por ciento. Entonces la diferencia de seis puntos porcentuales hace que sea el único gremio que llegue a valores similares a la inflación estimada final de 2016, pero con la ventaja de tener los salarios más salientes del sector trabajador.

En medio de esta tirantes, las tomas de plantas rodean a la negociación, como una ruptura forzosa de la concordia que debería primar, más aún en un momento donde la contracción productiva es inminente, luego de un año de 12 por ciento de baja en la materia prima conseguida y con precios que no lograron llegar a los cinco pesos por litro, además de la baja internacional.

Las industrias sienten que estos modos “no van más”, pero no saben de qué modo frenar el avance y la disponibilidad de fuerza.

Ya hay varias empresas lácteas que fueron cerrando en los últimos meses, porque no pudieron con la presión sindical. El cansancio empresario, en un contexto en extremo complicado, mientras los tamberos sienten que no pueden más seguir, hace que el sector esté en absoluto endeble, mientras se sigue sin ver esta parte de la “emergencia” que tiene a grandes nombres de por medio, mientras los funcionarios parecieran quedar al margen de algo en lo que están involucrados de lleno.

Una paritaria que parece no poder cerrarse sin conflicto, ni excesos, se suma a un contexto de ahogo para la lechería que no se sabe dónde termina.

Fuente: EDairyNews Por Elida Thiery

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